jueves, octubre 08, 2009

Pequeñas señales

Tenía un dolor terrible en el cuello, así que después de tomar un relajante muscular caí en la cama a las 9 p.m. y naturalmente a las 5:00 a.m. ya no tenía sueño. Me levanté y como rutina de herencia materna me puse a limpiar mi casa. Después de tener todo barrido y trapeado, sacudí el polvo y cuando estaba limpiando mi escritorio vi pasar una sombra por la cocina. Me pregunté: será una mariposa, pero ¿por nde pudo entrar? (mis ventanas tienen tela mosquitera) así que después de 3 minutos, la sombra apareció de nuevo con cola y orejas: era un minúsculo ratón.

A lo mejor se deslizó por la tubería de la chimenea (recientemente instalada y con un orificio entre el cielo raso y las tejas), se cansó de su casa sobre mi cama y decidió bajar, ¡Gran error!

Al principio me pareció hermoso: mirándome, de color típico gris, orejas paradas, cola corta y no medía más de 7cm. Pero cuando decidió subir en el mesón de la cocina, zambullirse en las verduras, trepar por los platos, asomarse entre las ollas y descansar sobre los bananos, empecé a odiarlo. Sé que no encontraba la salida, por eso le abrí la puerta de mi casa, lo invité a irse, pero él, terco permanecía en la cocina.

Veía desde mi escritorio a este ratón perdido, trepaba por la pared, intentando llegar a mi habitación, y yo gritándole ¡No! Porque si entraba en mi cama como en mis platos, podía morirme de un infarto. Al menos mi voz lo hacía desistir de su objetivo pared arriba. Me daba lástima pensar que alguien debía matarlo (obviamente no yo) y así estuve en mi escritorio una hora hasta que sabía que mis vecinos se despertaban y uno de ellos podría venir a la cacería. Sé que era un ratón de campo: limpio, pequeño, con la ternura que puede producir un conejo pero con la fama de asco que tiene intrínseca el ser un ratón

A las 6:45 a.m. vino uno de mis vecinos. Lo arrinconó en la cocina y lo mató. Sólo escuché su triste llanto...

Yo sólo podía preguntarme: ¿Cuántas veces he estado en el lugar equivocado, buscando la salida en el sitio incorrecto, sintiéndome y viéndome tan pequeña, luchando infructuosamente por sobrepasar duras pruebas, eligiendo el camino más difícil como aquel ratón?

Algunas veces fui cazada por propia voluntad, y otras por voluntades ajenas... también me he sentido morir y he estado arrinconada... pero a diferencia del ratoncito he podido revivir y esta vez creo haber entrado por la puerta correcta: las señales se van dando y hay que estar atento para percibirlas. No es cuestión de inteligencia, es cuestión de instinto y de supervivencia.

Lo siento Ratoncito!

miércoles, septiembre 16, 2009

Nueva casa

Me encanta la naturaleza, de hecho había anhelado vivir en un lugar como este: rodeado de montañas, con el río a un costado, el canto de los pájaros, la lluvia intempestiva en las noches, insectos, uno que otro animal, bosques poblados y vecinos que me proporcionaran alimentos producidos en sus huertas.

Instalarme aquí me ha costado mucha paciencia. Quizás esa es una de las lecciones que debo aprender porque soy su antónimo hecho persona. Arañas con patas de nylon, casi imperceptibles, y otras peludas (tamaño normal para no causar pánico) fueron trepando por mi cama; picaduras en las piernas, brazos y espalda me hicieron sentir como una instrusa. Esta cabaña estuvo deshabitada dos años, y se convirtió en el albergue de caracoles, moscas, pulgas, nidos de pájaros, moscas, gusanos, hormigas y ratones. Estos últimos viven en el techo: entre las tejas y el cielo raso.

Así que tristemente tuve que eliminar telarañas, espantar hormigas con sal y fumigar para que las arañas no se convirtieran en mi verdugo. Hoy, ya casi nadie queda, excepto las moscas y yo, y el ratón que cada noche hace su cama sobre la mía. Y es que ocupar una casa vacía es como empezar una vida, otra vida: limpiar telerañas que nos hacen sentir atrapados, matar moscas que rondan por la cabeza, fumigar arañas que nos persiguen en noches de insomnio y dormir con ratones que aunque nos producen miedo con su rasguñar en la madera, nos hacen conocer lo valientes que podemos llegar a ser.

Esta mañana encontré tres caracoles hibernando en mis ollas. Los tomé con suavidad, comprobé que no fueran sólo sus corazas y al ver que estaban allá dentro guardaditos, salí y los pegué en la fachada de casa. Pensé: ¡si así de fácil fuera mudarnos cuando estamos en el lugar equivocado, y adaptarnos al nuevo! si alguien nos enseñara cuál es el sitio correcto...

Esta nueva casa en la que vivo, me ha hecho pensar que en toda convivencia es necesaria la tolerancia y por lo tanto la aceptación de la manera de ser del otro, del caracol que se equivoca de hábitat y, en mi caso, la tolerancia hacia mí misma, aprendiendo a conocerme, porque en esta casa -excepto los insectos- no habito más que yo.

Y quizá el miedo a la soledad sea ese: enfrentarse a uno mismo, no tener distracciones que lo aislen del propio sentir, más relaciones que hagan aflorar el ser sociable que llevamos dentro... la soledad implica estar en silencio y entablar conversaciones con uno mismo, y darse cuenta de cuán molesta, simpática, patética, sensible o insoportable puedo resultar para mí. Y en ese escuchar también conocer lo que siente el interior, sus necesidades, sus temores, sus aficiones, sus sueños... inventar maneras para no aburrirse, valorar las comodidades de la ciudad, la tranquilidad del campo, aceptar las limitaciones de la vida rural y aprender a sortearlas con paciencia.

martes, septiembre 01, 2009

No siempre llega la calma después de la tormenta

Desde que regresé a mi vida de soltera, no había tenido tiempo para sufrir el desamor. Lloré unas cuantas noches, grité de ira, me sumergí en la tristeza, pero tenía tantos aspectos de mi vida que solucionar que eran mayores a mi dolor del corazón. Incluso llegué a pensar que no le amaba como creía porque no lo extrañaba.

Hoy, cuando comienzo a estabilizar mi vida con un trabajo, un techo, nuevos compañeros de trabajo, nuevos retos y proyectos profesionales, se desborda ese sentimiento de dolor. Es como si el caudal de problemas se hubiera calmado, y de lo profundo brotara una burbuja que estuvo contenida mientras pasaba la tormenta... esa burbuja ha llegado a la superficie y me ha roto por completo el alma.

Cada parte de este lugar me trae sus recuerdos. Sólo puedo imaginar cómo sería nuestra vida juntos en este pedazo de tierra, al lado de las montañas, a varios pasos del río, aspirando el olor del campo, bajo este techo de madera rústica, entre tres ventanas llenas de luz y aire puro, rodeado de mí, dormida a su lado...

domingo, julio 26, 2009

Esta noche, como las 30 anteriores me sigue ahogando la tristeza. Nunca creí que volvería a visitar estas tierras donde los sueños parecen haberse muerto, donde la vida fue un instante que hoy hace parte de los recuerdos...
Cuando se vive en esa otra tierra, uno se siente contento de saber que te apoya -como si fuesen puntos suspensivos antecediendo una palabra- un ser que comparte tus sueños, que conoce tu vida, que te da la bienvenida a un nuevo día con su mirada, que se convierte en el ancla donde por fin ha cesado tu andar por el mundo.
Y un día uno se levanta, regresa a este otro lugar de los recuerdos y de las dudas, del miedo, del abandono y la pérdida de rumbo, vuelve al sitio donde jamás pensó volver, y se da cuenta que el amor puede acabarse en una noche, que entre manos tenemos un boleto y estancia ilimitada para vivir en la soledad... uno a veces se equivoca de sueño.

lunes, mayo 18, 2009

Antes muerta que sencilla

Así se titulaba la canción de una niña española, que representó a España Y triunfó en Eurojunior en el 2004. En pocas palabras la lírica era un tributo a esa coquetería femenina y a la imposibilidad de salir a la calle desarregladas.
Pero en Alemania llevar a cabo ese objetivo es casi una tarea imposible. La única manera de saber que estaré "arreglada" es cuando voy de fiesta: sé que voy a un bar y ahí me quedo. Pero cuando programamos salidas de fin de semana, más vale llevar todo tipo de atuendos y no preocuparme por el maquillaje, porque el plan puede rehacerse o rearmarse.
Las primeras veces, siempre caía en la trampa, ahora tras un año de entrenamiento sé que las visitas de sala pueden convertirse después del almuerzo en una expedición a las tierras cercanas de casa. Creo que cualquier ser humano que quiera tener como pareja a un alemán (a) debe amar la naturaleza y no sólo eso, sino que debe estar dispuesto a vivirla y a conocerla.
Cada vez que hago estas saliditas, sé que asisto o ¿será mejor decir participo? en una triatlón. Como mínimo la jornada incluye ida en bicicleta, caminata y pues para calmarse el calor una refrescante nadada.
Ayer, tras cuatro horas de trayecto en moto, y un antes de ayer con tres horas de remo en el río Weisseritz en Leipzig, llegué feliz a la casa de Görlitz, pero cuál fue mi sorpresa cuando nos recibieron preparados para pasear en el bosque que linda con la parte trasera de la casa. "Bueno, yo voy" -dije- a pesar de mi cansancio, pero la propuesta fue aún mejor, para no caminar media hora, era mejor irnos en bicicleta, así estaríamos allí en 10 minutos. "Está bien" -dije- y cuando nos adentramos en el bosque, en la frescura que sólo saben producir esos árboles con más de 100 años de vida, bajamos de la cicla, porque la pendiente tenía pequeñas piedras que pueden ser peligrosas -dijo alguien-.
Pues ahí empezaba la segunda fase de la triatlón: caminata, luego más bicicleta y al llegar a la parte más baja del bosque, estaba el río con barquitos esperándonos. Sí señor, seguía la tercera prueba: remo!
Pasamos dos horas más remando, bueno, la verdad es que otros son quienes rema,n yo sólo lo hago cuando tengo ganas y por cortos lapsos porque me terminan doliendo los brazos.
Y no crean que estas triatlones son sólo en primavera o en verano. También suelen hacerse en invierno porque ni el frío ni la nieve son impedimento para que un alemán disfrute de la madre naturaleza. Al final de la jornada, soy yo la única que cae directo en la cama, a los demás les quedan baterías para seguir funcionando.
Todas las fotos que tengo son de hermosos paisajes y una Lina despeinada, a veces pálida, sudorosa o con el rímel regado. Con los jeans "remangados", el buso o las chanclas prestadas (porque no sabía que íbamos de paseo), 0 peor, con ampollas en los pies -por culpa de zapatos inadecuados-.
Pero ahí está también la Lina real, sin maquillaje, sonriendo por ser capaz de superar sus propias expectativas, orgullosa de lograr culminar largas caminatas, así que yo nunca -en estas tierras- podré cantar antes muerta que sencilla.

viernes, mayo 01, 2009

Alemanes con los hijos "a cuestas"

Entre las cosas que más me llaman la atención en Alemania, es cómo los padres transportan a sus hijos. Uno se imaginaría que por ser una de las tres primeras potencias mundiales, artífices de una considerable parte de inventos útiles para la humanidad, disponen de los más ultra modernos artefactos para llevar a sus niños. Pues no es así. Quizá lo más asombroso es ver cómo han sabido añadir a sus aparatos de siempre -como la bicicleta- o incluso a su propio cuerpo, prácticas estructuras y formas para llevar a sus primogénitos a todas partes, sin alterar su vida cotidiana ni estorbar en las calles con el típico cochecito para bebés.

Esta imagen comúmente encontrada en el bosque, facilita la ejercitación de los padres. Un coche especial para soportar velocidades, mientras la mamá corre, le da un paseo a su hijo, e incluso es habitual ver al perro atado a uno de los manubrios, así pasean juntos padres, perro y bebé.
(Foto: http://www.chariot.de)

Kindersitz Fahrrad: silla de niño para ir en bicicleta. El medio de transporte más habitual para llevarlos al colegio y de paseo.


También este modelo donde el bebé puede ir durmiendo, protegido del viento y el sol. Existen para uno o dos niños. En alemán, Anhänger: remolque.


No se trata del tradicional coche que se ve a la izquiera, se trata de una especie de morral donde va el bebé (derecha), no sé cómo se llama en alemán (quizás Rucksack kinder transportiert?)


Babytragetasche: portabebés. Es una de las maneras más tradicionales y que particularmente me parece más bonita, porque el bebé mantiene un contacto íntimo con los padres.
Con esta tela (estilo fular) el bebé se puede transportar en diferentes posiciones según la edad, y aunque parezca simple y cualquiera puede tener un trozo de tela para hacérselo, en el mercado cuesta entre 50€ y 70€.

lunes, abril 27, 2009

La primavera: la sangre altera


Y llegó la primavera, una estación nombrada en innumerables canciones y poemas que aluden a todo lo que nace o resurge cuando se asoma este momento del año:

"Fluorescente azul,
luz que baña mis sentidos,
donde todo empieza a ser real.
Siempre vuelve a dar nuevas chances,
una vuelta más entera"

también como sinónimo de esperanza:

"La primavera llegará
los buenos tiempos volverán
yo te querré, tú me querrás
todo tendrá sentido"


como metáfora de la tristeza:

"¿Dónde estará mi primavera?
¿Dónde se me ha escondido el sol,
que mi jardín olvidó,
y el Alma me marchitó?"


como escenario romántico:

"Si la ves en primavera,
corre con ella por los trigales, arrancando amapolas, avena y grama
para adornar el jarrón que hay junto a su cama"

Y yo, como colombiana, asumía la recurrencia a la primavera en poemas y canciones sólo como una figura literaria, pero en Alemania después de 6 meses de frío, cielos grises y fuerte nevadas, la primavera de verdad se convierte en una motivación, gracias a lo que aparece en el último renglón de esta canción:

"No hay preguntas
solo un beso de amor y una mirada

Una lágrima tuya y mía, ahogando las plabaras
y una guerra
donde no hay vencedores ni vencidos

una lluvia de besos nuevos y SOL de primavera
"

Sí, el sol. Casi 180 días sin sol en Alemania. Algo impensable para nosotros los colombianos. Hace un año, cuando llegué, me preguntaba por qué los alemanes eran tan exagerados, deseando siempre estar bajo el sol, como si se tratase de una permanente adoración: sentados en el parque cambiando de sitio según fuera ocultánodose el astro para lograr un último rayo de luz y calor, en una especie de persecusión; caminando sólo por las aceras soleadas y no por las sombrías; desayunando en jardines y terrazas; paseando constantemente en bosques, laderas de ríos y cualquier calle... Hoy los puedo entender.
En la primavera, se recuperan costumbres tan cotidianas y simples como secar la ropa al sol, salir con el cabello mojado (sin temor a pescar un resfriado), abrir las ventanas de casa, encender las luces a las 8:00 p.m. (y no a las 3:00 p.m. como en invierno), querer comer un helado, andar con chanclas por casa y no con babuchas; guardar la comida que sobra del día anterior en la nevera, querer beber jugos y no siempre bebidas calientes... aparece el sudor.
El sol cambia la vida, la percepción de la cotidianidad. Dan ganas de salir, como si fuésemos caracoles que hibernaron, sellaron su concha y en abril deciden salir: uno se siente feliz, todo parece más bonito, hay más sonrisas en la calle, se deja en casa todo el ajuar de invierno y la piel empieza a tomar otro color.

Entonces al fin comprendo a Joan Manuel Serrat cuando canta:

"Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera".


Imágenes típicas de la primavera en Dresden

miércoles, marzo 18, 2009

No me acostumbro

Algo a lo que no me he podido acostumbrar fuera de Colombia es a la rumba europea. Para nosotros, si no hay salsa, merengue o vallenato, simplemente no hay fiesta. Hablo por mi generación, quizás las más jóvenes estén acostumbradas a la música electrónica, a las fusiones de diversos géneros musicales, y puedan pasar una noche en una discoteca saltando con una cerveza en la mano.
Para mí es muy aburrido ir de rumba a una fiesta española o alemana, que para el caso es más o menos igual.
La primera vez que salí de fiesta en Barcelona me sorprendió ver a tantos grupos de hombres y mujeres solos, sin mezclarse. Toda la noche de pie, con una cerveza o cóctel (cubata) en la mano y simplemente moviéndose como estuviésen sentados en un barco, sin importar qué música sonara. Claro, que cuando escuchában música española del tipo Melendi, Héroes del Silencio, Jarabe de Palo, Estopa o Pereza, la actitud cambiaba y saltaban y saltaban -algunos abrazados- como si fuese un nuevo paso.
En Dresden, sucede básicamente lo mismo, la diferencia radica en que aquí hay el doble de hombres solos que en Barcelona, y en el invierno incluso menos mujeres que durante el verano. Pensaba en Colombia, donde las discotecas son llenas de mujeres solas, porque escasean los hombres solos...
Yo que estaba acostumbrada a la típica discoteca o bar con mesas y sillas para sentarse mientras no se quiere bailar, suponía que aquí -como nadie baila- pues con más razón deberían haber sillas... ¡Pues no!. Escasamente hay unas repartidas por el bar y otras pocas alrededor de la barra, así que toda la noche uno se la pasa de pie, sujetando el vaso o la botella de cerveza. Con esta motivación de permanecer cinco horas de pie sin bailar, qué pereza salir.

La comunidad latina

Existen las discotecas latinas, con nombres que permiten deducir que lo son, como: Juanchito, Habana, Agapito, Antilla, Bailamor o Martínez. Allí siempre está la mezcla de lo latino con lo nacional. Todos intentando bailar, los españoles y alemanes que han tomado clases o tenido una relación con algún latino, saben cómo enfrentar la pista (improvisada generalmente porque no existe como tal). Y otros simplemente asisten a conquistar, a ligar o aprender cómo son los pasos del otro lado del Atlántico.
Parecen ser los hombres españoles más "lanzados" que los alemanes. Estos últimos son más tímidos, pero son presa de abrazos y mujeres que les enseñan a mover la cadera si sujetan las suyas. Así se van acercando los continentes.
Nosotros bailamos como nos sale del cuerpo y esto a veces es difícil de entender para un alemán. Ellos siempre quieren una clase con número de pasos, después de cuántos debe darse una vuelta, o en qué momento se debe cambiar el paso. Me resulta complicado racionalizar algo que llevamos en la sangre, pero supongo que como me pasa a mí con el funky, para ellos es difícil bailar de manera improvisada un ritmo si no lo sienten.
Todos decimos que nuestra música es muy alegre, y quizás nos referimos sólo al ritmo, porque muchas letras hacen honor a la tristeza, el desamor o los deseos de venganza. Como comentaba Andreas -un amigo alemán- la semana pasada: "a mí me parecía música muy alegre, hasta que escuché con detenimiento la letra: "se murió mi compañera que tristeza, Alicia mi compañera qué dolor..." y la gente la canta con esa sonrisa como si fuera algo para alegrarse" y ejemplos como ese citó, la canción de salsa que dice "mátala, mátala, mátala no tiene corazón esa mujer". ¡Pues es verdad! nos sentimos orgullosos de nuestra música alegre, pero su letra no siempre lo es, supongo que sabemos vivir contentos aunque la realidad sea triste ¿no?

El atuendo

Sin duda algo que da un poco de vergüenza ajena, es ver las "pintas" con que asisten a estos sitios muchas latinoamericanas, intentado copiar el modelo europeo que casi nunca coincide con u fisionomía. Así, se ven muchas con kilos de más luciendo mini faldas y blusas ombligueras con el "neumático" afuera. Otras que parecen novias de traquetos con jeans de lentejuelas; gorras con marca a la vista, imitación de reconocidos diseñadores; sin contar la cantidad operadas, y que sobresalen en medio de una sociedad que valora más lo natural y el culto al cuerpo gracias a una dieta sana y al deporte.
Pero también sobresalen esas mujeres y hombres latinos que transmiten su alegría con su baile, que aprovechan la fiesta para lucir sus mejores vestidos y en el caso de Alemania, tienen la excusa de estar en un sitio cerrado para sacar del armario la percha que tienen guardada desde el verano anterior.

Cerrado
Es común en Colombia pedir una botella y copas para cuantos hay en la mesa, pero en estas tierras eso no se acostumbra. Siempre se pide una cerveza, un cubata (cóctel) o un chupito (copa pequeña de licor sin mezclas). Para la primera, el precio oscila entre los 2,50€ y 5€, para los segundos entre los 5€ y los 10€, y para los terceros unos 3€. Con estos precios es difícil emborracharse, pero el cansancio al final de la noche es el mismo: cinco horas de pie es como haber estado bailando, y si bailaste pues aún más.
A los clientes los despiden igual que en Colombia: encendiendo la luz, sobra esa tortura de las 3:00 a.m. cuando ponen rancheras o música de planchar para calmar la euforia.
El transporte público en Dresden funciona toda la noche, así que si debes regresar a casa en él, no tienes que pagar taxi. Contrario a Barcelona, donde el metro sólo funciona hasta las 2:00 a.m. los viernes, y los sábados, toda lo noche. Así ves gente corriendo a la 1:55 a.m. el viernes antes de quedarse sin metro, y tener que usar las rutas de autobuses nocturnos, que son más o menos un tour por la ciudad. Desde el centro de Barcelona hasta el pueblo donde vivía, me tardaba 45 minutos en llegar, cuando en tren sólo me gastaba 15 minutos. Y si no tienes la suerte de contar con un Nitbus que te deje cerca de casa, pues a pagar taxi se ha dicho o esperar a que sean las 6:00 a.m. y abran nuevamente las estaciones de metro.

De origen: Inmigrante

La incapacidad para identificarse con una cultura es quizá una de las limitaciones que más afecta a los inmigrantes. Según mi propia experiencia y la de gente que he conocido en una situación similar a la mía, eso es lo que más nos cuesta. Esto no quiere decir que no logremos adaptarnos, existe una adaptación al sistema, al orden establecido; una aceptación de la manera cómo se hacen las cosas; pero casi nunca una identificación con ello, más bien una resistencia.

No en vano el planteamiento de muchas películas en estos últimos años, alude a las fronteras y no sólo a las físicas y burocráticas, sino también a esas fronteras invisibles que crean resistencia en los inmigrantes: el racismo explícito e implícito; la desigualdad de oportunidades; la pérdida de derechos (que habían sido inherentes antes de salir de nuestros países), la adquisión de nuevos deberes; la ruptura (momentánea) con los lazos afectivos: la familia y el círculo de amigos.

Para mí, existen dos clases de inmigrantes (Aclaro que es mi opinión). Los primeros, generalmente no tienen formación profesional y son los que emigran en plan rebusque porque en sus países no tenían trabajo o tenían uno en condiciones precarias. Los segundos: Tenían un trabajo o no acorde a su profesión, pero quisieron salir para especializarse y/o buscar otros horizontes profesionales. No intento estereotipar, sólo caracterizar dos prototipos y cómo la realidad de ser inmigrante nos afecta de maneras aparentemente distintas.

Los primeros:
Edad: a partir de los 35 años
Objetivo: ahorrar, traerse a su familia (o ganar lo suficiente para tenerla bien en su tierra), comprar una casa en el país de origen, o un medio económico que le garantice estabilidad para cuando regrese: un negocio, un taxi, etc.
Situación legal: Casi siempre ilegales, sin permiso de trabajo.
Modo de vida: como la meta es ahorrar, la mayoría se abstiene de hacer cualquier gasto inncesario (comprar ropa, ir de paseo, comer en un restaurante). Están dispuestos a trabajar en lo que sea (de manera honesta), en horarios inhumanos, con 1 ó 2 trabajos a la vez y sin contrato. Viven para trabajar, posponen su vida para cuando tengan las cosas materiales deseadas: ese día podrán disfrutar de todo su esfuerzo.
Perseverancia: Poseen un umbral de perseverancia más alto. Quizá debido a la experiencia de vida acumulada. Son capaces de manternerse emocionalmente más estables, porque sus objetivos son tangibles, y por lo tanto son un motor para continuar.
Soporte emocional: Viven con su familia, han logrado traerla para trabajar juntos y ofrecerle una mejor vida a los hijos.

Los segundos:
Edad: a partir de los 24 años
Objetivo: estudiar, viajar y conseguir una buena oportunidad laboral
Situación legal: visa de estudiante (que no permite trabajar), y renovación anual de la misma, reuniendo una serie de documentos como extracto de calificaciones obtenidas, y extracto bancario de los últimos tres meses con dinero suficiente para sufragar los gastos del siguiente año.
Modo de vida: se interesan en adquirir cada vez más conocimientos (esto es aprovechar cuanta oportunidad se presente para aprender: becas, cursos de idiomas). Trabajan en lo que sea, sin contrato o como becarios, para alcanzar la meta de terminar sus estudios, conocer los países cercanos y disfrutar del nuevo país donde viven. Además de viajar a su país de origen cada año para visitar a la familia porque su visado se los permite.
Perseverancia: Poseen un umbral de perseverancia más bajo. Siempre se preguntan "¿qué hago aquí?" Sus objetivos son menos tangibles (un título, un certificado) y la esperanza de hallar un trabajo acorde a su formación.
Soporte emocional: Los nuevos amigos, pues estos inmigrantes son por lo general solteros, o matrimonios jóvenes que poseen esa libertad para ir a donde quieran.

A pesar de estas diferencias, ambos tenemos objetivos comunes como inmigrantes: obtener el permiso de trabajo (para mejorar las condiciones laborales) y después la nacionalidad (como una previsión para el futuro); y conseguir una estabilidad económica.
Como frustraciones, creo que compartimos: La dificultad para obtener los papeles, la sensación de no reconocimiento por parte de la sociedad (ser un inmigrante más), la falta de identidad respecto a la cultura, el sentimiento de desarraigo familiar y territorial, la constante evocación de los recuerdos y la mitificación del país de origen como por ejemplo cuando decimos: "Colombia es lo mejor".

Como dije anteriormente, esta es mi visión particular de los inmigrantes, del caso concreto que he conocido en España gracias a mis amigos. Los sentimientos de no identificación que aumentan conforme crecen los niveles de dificultad para comunicarse (como el idioma), esto último lo he vivido en Alemania. Tanto con los amigos de España como con los de Alemania, siempre que nos reunimos, hablamos de lo sorprendente que es la nueva cultura en que vivimos, pero también de todas las situaciones que hacen incompleto un proceso de aceptación e identificación con el nuevo hogar.

La Real Academia de la Lengua define la palabara inmigrante como: "Dicho del natural de un país: Llegar a otro para establecerse en él, especialmente con idea de formar nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas". Crear nuevas colonias o domiciliarse en las ya formadas nunca serán sinónimo de integración ni abarcará el concepto de identidad, y en ese sentido puedo entender porque somos y nos sentimos inmigrantes.

jueves, enero 15, 2009

Que bonita es esta vida, si la vivo con mi gente...



Qué por qué hice esta presentación? resulta que nos invitaron a una actividad de 4 días con una ONG alemana. El director quería que yo presentara algunas fotos de mi familia y de Colombia, y se me ocurrió ponerle esta canción -que a mi manera de pensar- representa el sentimiento de lo que nos gusta de nuestro país y de lo que extrañamos de él, y decidí traducirla para lograr transmitir esa sensación a todos. Me dijeron que la presentaría el primer día; el segundo día que ese día en la noche; el tercer día igual... y yo esperando con mi ansiedad. Pues finalmente llegó la noche del tercer día y a Lina no le habían dicho nada.

Éramos más o menos cien personas, y fue imposible relacionarme con alguna. Sé que conlleva un poco de miedo hablarle a un extranjero que no conoce bien el idioma, pues implica hablarle despacio (para que entienda), utilizar vocabulario básico y sobre todo tener una actitud abierta y paciente. Pues de estas personas, sólo crucé palabras con tres, y eso porque hablaban español. Sabía que la misión de interrelacionarme no sólo dependía de los otros. Aseguro que busqué situaciones y personas a quienes dirigirme, pero escasamente me saludaron, y cuando la conversación superó algo más de un "Hallo" (Hola), se interrumpió en el momento en que yo desconocía una palabra. Debo aclarar que la mayoría de asistentes eran chicos entre 15 y 18 años, característica que dificulta la socialización, porque ya sabemos del inherente obstáculo que cargamos a esa edad.

Cansada de pasar tres días así, incluso comiendo sola en una mesa, sin que nadie se acercara a compartirla, decidí encerrarme en mi habitación y no esperar ni buscar nada de nadie. Este fin de semana conocí esa otra faceta alemana tan popular: la frialdad. Pensaba: si en Colombia ven solo a un extranjero en una mesa, siempre tenemos esa actitud de acercarnos, preguntarle si esta bien, invitarlo a conocer a otras personas... integrarlo; hablarle de cosas simples como los ingredientes con lo que está preparada la comida, hablar acerca del clima... en fin, cualquier cosa que permita "romper el hielo". Pero obviamente ese no fue el comportamiento en este caso.

Decidí no enseñar las fotos. Si nadie se interesó en conocerme o dejarme integrar, ¿por qué debía yo mostrar quién era?

miércoles, enero 07, 2009

Era de hielo

Esta mañana me levanté a las 6:00 a.m. para irme a mi curso de alemán, y cuando me paré bajo la ducha no salía agua. Me acordé de esos días en nuestra bella Colombia, cuando el corte de suministro lo sorprende a uno, si no se es un radioescucha. Y pensé, bueno, pues me toca a lo "europeo" sin ducharme. Menos mal salió un último chorrito del grifo del lavaplatos y pude prepararme mi infaltable café.
Pero la sorpresa no fue tanto la ausencia de agua, sino conocer la razón de por qué faltaba: se congelaron las tuberías! Ya nos lo había advertido la dueña del piso que podía suceder, pero me imaginé que eso no iba a pasarnos.
Hasta la fecha había vivido el frío. Pero hoy no sé cómo llamar a esto. Quizás congelamiento?
El día que ví el termómetro a -10, recordé mi primer invierno en Barcelona. Fue hace 4 años y el peor de los últimos 15 años, pues nevó en la ciudad.
Y ahora, en Alemania, este es uno de los peores inviernos desde hace 22 años, pues ha nevado de manera imparable y hoy he alcanzado la máxima temperatura bajo cero: 20°C.

El atuendo
Normalmente, durante el verano, me levantaba tipo 6:30 a.m. para irme al curso. Pero ahora debo contar con 10 ó 15 minutos más para vestirme: ropa interior, camiseta de tirantes interior, camiseta normal, busito, dos pares de calcetines gruesos, leggins, jeans, bufanda, chaqueta delgada, abrigo, gorro y doble guante. Algo similar a una cebolla. En tanto, las compañeras rusas que tengo en la clase, llevan solo un buso cuello tortuga y su chaqueta. Me dicen que hace frío, pero no tanto como al que ellas están acostumbradas: -30°C hasta -50°C.

Una misión diaria: Quitarle la nieve al carro cada mañana; una situación típica: encontrar congelada la botella de agua que se quedó en el auto; y una sensación común: creer que uno está "a salvo" dentro del coche, cuando en realidad es una especie de nevera con llantas mientras la calefacción hace presencia.

Lo "admirable" es cómo los alemanes siguen su vida normal: se ven en la calle haciendo deporte (trotando), se animan a ir a patinar en los lagos congelados, van y vienen en bicicleta bajo y sobre la nieve. Y yo andando a mi mínima velocidad para evitar caerme en la nieve que se transforma en hielo y crea una capa lisa sobre el suelo. De ésta ya fui víctima el domingo pasado, cuando caí arrodillada en medio de la vía, con un dolor horrible en mi rodilla derecha y un color entre morado y negro que hoy me recuerda lo sucedido.
Pues este es el invierno: esa imagen romántica de mirar por la ventana cómo cae la nieve y alegrarse de estar en casa, calientito con la calefacción encendida; y es también ese reto de enfrentarlo cada día y acostumbrarse porque es sólo el comienzo: estará hasta marzo de visita.