Para mí es muy aburrido ir de rumba a una fiesta española o alemana, que para el caso es más o menos igual.
La primera vez que salí de fiesta en Barcelona me sorprendió ver a tantos grupos de hombres y mujeres solos, sin mezclarse. Toda la noche de pie, con una cerveza o cóctel (
cubata) en la mano y simplemente moviéndose como
estuviésen sentados en un barco, sin importar qué música sonara. Claro, que cuando
escuchában música española del tipo
Melendi, Héroes del Silencio, Jarabe de Palo, Estopa o Pereza, la actitud cambiaba y saltaban y saltaban -algunos abrazados- como si fuese un nuevo paso.
En
Dresden, sucede básicamente lo mismo, la diferencia radica en que aquí hay el doble de hombres solos que en Barcelona, y en el invierno incluso menos mujeres que durante el verano. Pensaba en
Colombia, donde las discotecas son llenas de mujeres solas, porque escasean los hombres solos...
Yo que estaba acostumbrada a la típica discoteca o bar con mesas y sillas para sentarse mientras no se quiere bailar, suponía que aquí -como nadie baila- pues con más razón deberían haber sillas... ¡Pues no!. Escasamente hay unas repartidas por el bar y otras pocas alrededor de la barra, así que toda la noche uno se la pasa de pie, sujetando el vaso o la botella de cerveza. Con esta motivación de permanecer cinco horas de pie sin bailar, qué pereza salir.
La comunidad latina
Existen las discotecas latinas, con nombres que permiten deducir que lo son, como:
Juanchito, Habana,
Agapito,
Antilla,
Bailamor o
Martínez. Allí siempre está la mezcla de lo latino con lo nacional. Todos intentando bailar, los españoles y alemanes que han tomado clases o tenido una relación con algún latino, saben cómo enfrentar la pista (improvisada generalmente porque no existe como tal). Y otros simplemente asisten a conquistar, a ligar o aprender cómo son los pasos del otro lado del Atlántico.
Parecen ser los hombres españoles más "lanzados" que los alemanes. Estos últimos son más tímidos, pero son presa de abrazos y mujeres que les enseñan a mover la cadera si sujetan las suyas. Así se van acercando los continentes.
Nosotros bailamos como nos sale del cuerpo y esto a veces es difícil de entender para un alemán. Ellos siempre quieren una clase con número de pasos, después de cuántos debe darse una vuelta, o en qué momento se debe cambiar el paso. Me resulta complicado racionalizar algo que llevamos en la sangre, pero supongo que como me pasa a mí con el
funky, para ellos es difícil bailar de manera improvisada un ritmo si no lo sienten.
Todos decimos que nuestra música es muy alegre, y quizás nos referimos sólo al ritmo, porque muchas letras hacen honor a la tristeza, el desamor o los deseos de venganza. Como comentaba
Andreas -un amigo alemán- la semana pasada: "a mí me parecía música muy alegre, hasta que escuché con detenimiento la letra: "se murió mi compañera que tristeza, Alicia mi compañera qué dolor..." y la gente la canta con esa sonrisa como si fuera algo para alegrarse" y ejemplos como ese citó, la canción de salsa que dice "
mátala,
mátala,
mátala no tiene corazón esa mujer". ¡Pues es verdad! nos sentimos orgullosos de nuestra música alegre, pero su letra no siempre lo es, supongo que sabemos vivir contentos aunque la realidad sea triste ¿no?
El atuendoSin duda algo que da un poco de vergüenza ajena, es ver las "pintas" con que asisten a estos sitios muchas
latinoamericanas, intentado copiar el modelo europeo que casi nunca coincide con u fisionomía. Así, se ven muchas con kilos de más luciendo
mini faldas y blusas
ombligueras con el "neumático" afuera. Otras que parecen novias de
traquetos con
jeans de lentejuelas; gorras con marca a la vista, imitación de reconocidos diseñadores; sin contar la cantidad operadas, y que
sobresalen en medio de una sociedad que valora más lo natural y el culto al cuerpo gracias a una dieta sana y al deporte.
Pero también
sobresalen esas mujeres y hombres latinos que transmiten su alegría con su baile, que aprovechan la fiesta para lucir sus mejores vestidos y en el caso de Alemania, tienen la excusa de estar en un sitio cerrado para sacar del armario la percha que tienen guardada desde el verano anterior.
CerradoEs común en
Colombia pedir una botella y copas para cuantos hay en la mes

a, pero en estas tierras eso no se acostumbra. Siempre se pide una cerveza, un
cubata (cóctel) o un
chupito (copa pequeña de licor sin mezclas). Para la
primera, el precio oscila entre los 2,50€ y 5€, para los segundos entre los 5€ y los 10€, y para los terceros unos 3€. Con estos precios es difícil emborracharse, pero el cansancio al final de la noche es el mismo: cinco horas de pie es como haber estado bailando, y si bailaste pues aún más.
A los clientes los despiden igual que en
Colombia: encendiendo la luz, sobra esa tortura de las 3:00 a.m. cuando ponen
rancheras o música de planchar para calmar la euforia.
El transporte público en
Dresden funciona toda la noche, así que si debes regresar a casa en él, no tienes que pagar taxi. Contrario a Barcelona, donde el metro sólo funciona hasta las 2:00 a.m. los viernes, y los sábados, toda lo noche. Así ves gente corriendo a la 1:55 a.m. el viernes antes de quedarse sin metro, y tener que usar las rutas de autobuses nocturnos, que son más o menos un
tour por la ciudad. Desde el centro de Barcelona hasta el pueblo donde vivía, me tardaba 45 minutos en llegar, cuando en tren sólo me gastaba 15 minutos. Y si no tienes la suerte de contar con un
Nitbus que te deje cerca de casa, pues a pagar taxi se ha dicho o esperar a que sean las 6:00 a.m. y abran
nuevamente las estaciones de metro.