Mi corazón es como un acordeón que se abre y se cierra según quien lo toque. No entiendo cómo puede sacar notas tan tristes sin motivos importantes ni como puede entonar melodías tan alegres sin razones suficientes.Mi corazón es un acordeón sin intérprete, con agudos, bajos y acordes en constante cambio. A veces no hay paso de aire y se queda mudo, atónito, expectante. Otras, recibe aire poco a poco y salen sus mejores notas.
Temo que toquen a mi corazón porque aunque es un instrumento ordinario entre muchos seres humanos, en mí es exclusivo. Tiene caja de recuerdos, pitos que alertan sobre el peligro, palancas que lo remueven de atascos, y resortes que lo sacan del abismo al que suele caer constantemente.
Tengo por corazón un acordeón que busca ser feliz en alguna función, que lleva la alegría de un vallenato por minutos, y también la nostalgia de un tango por años.
Cada vez que se abre, regala sus mejores notas y se pierden en el aire. Y cuando desafina, suelo ser la única que escucha sus pesimistas tonos. Tengo un acordeazón que está cansado de seguir partituras y acordes mal logrados.