miércoles, mayo 30, 2007
jueves, mayo 10, 2007
Feliz Cumpleaños
Desde que tengo conciencia de mi existencia, recuerdo a mi abuelo. Se llama Humberto, pero lo bauticé Tutico, porque era la palabra más parecida a abuelito que tenía en mi diccionario de niña. Hablé muy pronto -dice mi madre- y también muy pronto supe que mi abuelo sería mi padre, mi amigo y el ser que más amo en la vida junto con mis hermanas y mi madre.
Desde que lo conozco, ha tenido el pelo blanco. De pequeña me llamaba la atención este detalle y le preguntaba el porqué de ese color. Siempre me contestaba que se había dejado el champú por mucho tiempo en la cabeza.
Creo que el momento en que supe que mi abuelo sería mi padre, fue cuando tenía 3 años y sin querer resbalé en el tanque del lavadero. El estaba allí, y mi papá estaba de viaje, y en ese viaje se fue quedando poco a poco, y Tutico asumió el papel de padre y abuelo. El siempre ha sido el primero en llegar cuando enfermamos, en visitarnos cuando una tristeza nos agobia, en felicitarnos cuando hemos logrado algo.
A veces me pregunto por qué nos quiere tanto? Y es que desde pequeñas cada día acostumbraba ir a casa, a llevarnos a la tienda de la esquina y comprarnos golosinas; cada sábado nos llevaba al Museo Quimbaya a vernos moldear figuritas de barro, comer chicharrones y beber gaseosa manzana. Cuando fuimos creciendo, sus invitaciones se iban adecuando más a nuestra edad, y ya los planes eran ir a piscina, o a comernos una arepa con queso en la carrera 25 de Calarcá.
Mi abuelo fue panadero, director de cárcel, escout, auditor y ahora está jubilado. Hoy cumple 75 años. Puedo escuchar su risa de satisfacción por alcanzar esta edad, con tanta vitalidad. “¡75 abriles, hermana!” Me estaría diciendo.
Si me preguntaran cuál es el secreto para llegar a esa edad, con un aspecto y naturaleza tan envidiable, podría decir que él tiene sus propios mandamientos:
No hablar mal de nadie
Ofrecer soluciones, y no agrandar el problema
Sacarle beneficio a cualquier situación de la vida
Querer a los niños para vivir contagiado de alegría
Caminar de prisa, sentarse en el parque y hablar con los amigos
Expresar los sentimientos, y no impedir que las lágrimas salgan cuando lo necesitan Comer todo lo que tenga al estómago contento
Abrirle un nuevo orificio al cinturón con el paso de los años
Hacer una merecida siesta cada tarde después del almuerzo
Escuchar
Quedarse en casa si hace mucho frío
Sentir como propios los triunfos y derrotas ajenas
Orar cada mañana
Comprar la lotería con la ilusión de ganarla
Guardar la ropa nueva y nunca estrenarla
Ofrecer las mejores palabras en las celebraciones de familia
Subir al parque y llamar desde celular a los que estamos ausentes
Bailar pasodoble
Sentirse joven
Saber ser amigo, hermano, padre y abuelo.
martes, mayo 01, 2007
El Día del Trabajo sin papeles para trabajar
Creo que la peor situación para todos los que no tenemos un permiso de trabajo en España, es renunciar a la posibilidad de tener un empleo en igualdad de condiciones que cualquier "documentado". Aunque no soy ilegal (tengo permiso de estancia por estudios), sólo puedo trabajar como becaria y esa es la modalidad de contrato que tengo ahora. Es normal encontrar profesionales extranjeros trabajando en el sector de hostelería y restauración como primera alternativa para sobrevivir en el país del euro (creo que todos hemos pasado por ahí). En esa experiencia siente uno morirse, porque con cada día de trabajo, se pone un "stop" a los sueños, a las ilusiones con que uno se marchó de su país. Distinto a Inglaterra, donde el permiso de estudiante permite trabajar, en España sólo es posible si la empresa gestiona un permiso de trabajo para estudiante, y la verdad, la mayoría de empresarios no quieren hacerlo si no se van a beneficiar con el trabajo que desempeñará el sin papeles. Por eso, entre las profesiones y oficios que tienen mayor demanda en el país, está la de médico, ingeniero civil, camarero y dependienta de comercio.
Toda esta introducción es necesaria para contar el caso de una amiga, cuyo nombre prefiero ocultar, quien desesperada por el tema del permiso, y el de esperar tres años para cambiar de régimen de estudiante al de residencia y trabajo (como lo exige extranjería), decidió casarse con su compañero de piso español, o más bien él le propuso la unión como una solución para ella.
El viernes fuimos al juzgado ellos dos, un testigo más y yo. Y es increíble de verdad el proceder que tienen para "controlar" los matrimonios por conveniencia. Primero la llamaron a ella, estuvo respondiendo un cuestionario de media hora ante el juez, luego a él; después a los dos testigos por separado y finalmente la firma de los cuatro jurando que todo lo respondido era verdad. Todos interrogados por separado, sin permitir algún contacto; pero la noche anterior habíamos estudiado un cuestionario sobre las posibles preguntas que nos harían.
Qué nos preguntaron: ¿En qué fecha y cómo se conocieron los contrayentes? ¿En dónde vive él? ¿En dónde vive ella? ¿En qué empresa trabajan ella y él?
Sólo les faltó preguntar lo más importante: ¿Qué relación hay entre ellos dos? Eso no se lo preguntaron ni a ellos ni a nosotros como testigos. Un pequeño detalle que pasaron por alto, y creo que el único que nos habría dejado quedar como mentirosos en nuestra declaración juramentada... el resto, era verdad.

