sábado, noviembre 15, 2008

Bio

Cuando lo conocí, me causó curiosidad que siempre llevaba un morral para empacar lo que compraba, y nunca quería que le dieran bolsa, daba igual que llevara 12 rollos de papel higiénico en la mano y a la vista. Al llegar a Alemania, me dí cuenta que era una práctica común: ir al supermercado y salir con las cosas en la mano, en una mochila o en una bolsa traída de casa. El objetivo: disminuir el consumo de bolsas plásticas, y en caso de necesitarla, pues pagar 3 céntimos al establecimiento para obtenerla.
Me sorprendió ver que él guardaba botellas de plástico y de vidrio usadas, y pensé si se trataba de un atisbo del síndrome de Diógenes. Entonces me explicó que por cada botella que entregaba al supermercado, le devolvían 8 ó 25 céntimos, según fuera de vidrio o de plástico, respectivamente.
Pues uno pensará, qué son 20 céntimos? pero si contamos la cantidad de cervezas que consume un alemán al mes, o simplemente con la cantidad de asados (barbacoas) que suelen hacerse durante la primavera y el verano, y la cantidad que amigos que se invitan, y que cada uno aporta cervezas, pues el número de botellas reunidas suman, de 20 en 20, una cifra significativa. Así, cuando vamos a mercar (hacer la compra), llevamos las botellas que tenemos, y a veces nos han llegado a devolver hasta 8€, lo que significa, 8€ menos gastados. Es un buen negocio, tanto para el cliente como para el medio ambiente.
Por eso no es raro, ver gente dedicada sólo a recoger botellas en sitios públicos, como en parques y lagos, y no es que estén por ahí abandonadas por sus dueños, ellos saben que de esa botella vive alguien. Así, los recicladores van con un carrito, recuperando envases. Claro! sólo en primavera o verano, porque en otoño e invierno pocos alemanes suelen ir a sentarse en las áreas verdes de la ciudad.

La comida
Aunque no puedo decir que me he vuelto vegetariana, porque como muchos alimentos derivados de animales -pero casi nunca carne-, existe una medida de control que a uno, como consumidor conciente del daño ambiental y del sufrimiento animal- le garantiza que los alimentos han sido producidos sin someter a actos de crueldad a estos compañeros de la naturaleza.
En los supermercados, bajo la etiqueta de Bio, se encuentran todo tipo de productos, desde vegetales hasta carnes. Y no es otra cosa que el rótulo para significar que esa mantequilla, queso o salchicha, ha sido producida con técnicas respetuosas hacia los animales, tanto en su crianza como en su aprovechamiento.
Aunque el precio influye al momento de comprar, pues los productos Bio y orgánicos son más caros, pienso que algo tiene que costarnos, el hacer un uso desmesurado de nuestros recursos.
En Alemania cada panal de huevos señala si proviene de "gallinas felices" o criadas en cautiverio (granjas industriales); con el pescado sucede igual, cada caja o bolsa lleva impresa una etiqueta informando que ese pescado fue obtenido haciendo un uso racional del recurso, sin explotar de manera irracional los ríos y océanos.
Por eso ir a hacer la compra con alguien que tenga conciencia ecológica es todo un proceso: verifica que todo lo que llevamos sea producido orgánicamente, que la comida sea lo más natural posible: cero conservantes, potenciadores de sabor, etc.
Sé que puede parecer radical, de hecho a mí me desesperaba esta actitud. Ahora entiendo por qué lo hacen. A lo mejor nosotros como consumidores no podamos frenar el deterioro y la destrucción de las fuentes de alimentación, ni la crueldad a la que son sometidas millones de gallinas, vacas y cerdos por satisfacer nuestros antojos. Pero comprar sin conciencia nos hace cómplices.

No apto para todos:
http://video.google.es/videoplay?docid=-7776202604288555272&ei=a9AdSe22I4Kw2gKV6LWABw&q=earthlings%20subtitulos%20espa%20ol&hl=es

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