Y bueno, se acabaron las vacaciones de Normita en Dresden. La dejamos en el aeropuerto, y cuando volvíamos a casa, sentí que “algo” se me quedaba, tal vez sus pasos tras nosotros o esa seguridad de mirar hacia cualquier lado y encontrar su cara. Para mí es muy difícil despedirme de ella, porque es mi único trozo de familia cerca, no la familia que lleva la misma sangre, sino la familia que comparte sueños, alegrías y tristezas. La familia que a veces llama para saber cómo me va la vida, o que escribe un email contando algo acerca de sus días.Yo la miro tanto cuando estamos juntas, quizá porque se parece a mi madre, también porque trae su corazón impregnado de amor por nuestro sobrino, tiene recientes los recuerdos Colombia, y logra transmitirme esos sentimientos en cada conversación... es como un nexo con mi madre, con Elisa, Juanes, la Tía y mi abuelo.
Cuando se marcha, algo se queda vacío en mí, comienza esa nostalgia, y las repetidas preguntas: Vale la pena estar lejos de la familia toda la vida?
Y entonces, siguen unos días de “duelo”, y ese deseo inmenso de encontrarla nuevamente para sentirnos en familia.
Gracias Normita por regalarnos tu tiempo; por todo el amor y las atenciones que nos brindaste!
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