martes, mayo 01, 2007

El Día del Trabajo sin papeles para trabajar

Creo que la peor situación para todos los que no tenemos un permiso de trabajo en España, es renunciar a la posibilidad de tener un empleo en igualdad de condiciones que cualquier "documentado". Aunque no soy ilegal (tengo permiso de estancia por estudios), sólo puedo trabajar como becaria y esa es la modalidad de contrato que tengo ahora.

Es normal encontrar profesionales extranjeros trabajando en el sector de hostelería y restauración como primera alternativa para sobrevivir en el país del euro (creo que todos hemos pasado por ahí). En esa experiencia siente uno morirse, porque con cada día de trabajo, se pone un "stop" a los sueños, a las ilusiones con que uno se marchó de su país. Distinto a Inglaterra, donde el permiso de estudiante permite trabajar, en España sólo es posible si la empresa gestiona un permiso de trabajo para estudiante, y la verdad, la mayoría de empresarios no quieren hacerlo si no se van a beneficiar con el trabajo que desempeñará el sin papeles. Por eso, entre las profesiones y oficios que tienen mayor demanda en el país, está la de médico, ingeniero civil, camarero y dependienta de comercio.

Toda esta introducción es necesaria para contar el caso de una amiga, cuyo nombre prefiero ocultar, quien desesperada por el tema del permiso, y el de esperar tres años para cambiar de régimen de estudiante al de residencia y trabajo (como lo exige extranjería), decidió casarse con su compañero de piso español, o más bien él le propuso la unión como una solución para ella.

El viernes fuimos al juzgado ellos dos, un testigo más y yo. Y es increíble de verdad el proceder que tienen para "controlar" los matrimonios por conveniencia. Primero la llamaron a ella, estuvo respondiendo un cuestionario de media hora ante el juez, luego a él; después a los dos testigos por separado y finalmente la firma de los cuatro jurando que todo lo respondido era verdad. Todos interrogados por separado, sin permitir algún contacto; pero la noche anterior habíamos estudiado un cuestionario sobre las posibles preguntas que nos harían.

Qué nos preguntaron: ¿En qué fecha y cómo se conocieron los contrayentes? ¿En dónde vive él? ¿En dónde vive ella? ¿En qué empresa trabajan ella y él?
Y a ellos: ¿Cómo se conocieron?, todo acerca de su familia: hermanos, padres; sobre sus vidas: aficiones, profesiones y gustos; y la pregunta clave: ¿Cuántos televisores hay en casa y en qué sitios están ubicados?

Sólo les faltó preguntar lo más importante: ¿Qué relación hay entre ellos dos? Eso no se lo preguntaron ni a ellos ni a nosotros como testigos. Un pequeño detalle que pasaron por alto, y creo que el único que nos habría dejado quedar como mentirosos en nuestra declaración juramentada... el resto, era verdad.

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