Dejé de revolotear hace 9 meses. Mis alas descansaron en este paraje, establecí un nuevo orden para mi vida, para mis días. Poco a poco decoré espacios, ubiqué muebles y desde que encontré su lugar preciso en mi casa, nunca más los volví a mover. Quería -como deseaba hacer con mi vida- que las cosas estuvieran en su sitio por primera vez, que permanecieran estáticas para conseguir esa sensación de estabilidad de la que carecía.
Abro las alas de nuevo e igual que la libélula pronostico un cambio de clima para mi vida. Ayer en la noche, le di la vuelta a mi habitación. Moví la cama, ahora mira hacia la ventana; giré el sofá, ahora mira la hamaca; empujé la mesa de centro, ahora es vecina de la ventana... enfrenté este presente, ahora miro al porvenir.
Estoy preparada para emprender el vuelo, para que mi vida desde hoy goce de este símbolo de victoria.

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